
Estamos tan acostumbrados a la mediocridad que cuando vemos algo que no es excelente, pero es más o menos bueno, lo aceptamos como si fuera excelente. Por tanto tiempo hemos recibido la mediocridad que ya ni siquiera esperamos lo bueno. Bajo la excusa de que la perfección no existe, hemos aceptado la mediocridad como la norma.
En Latinoamérica estamos acostumbrados a recibir mal servicio de parte del gobierno y de muchas empresas privadas, eso es lo normal. La corrupción, el mal servicio y la ineficiencia son la orden del día. Por eso al llegar a los Estados Unidos y recibir un servicio mejor nos emocionamos. Pero la realidad es que aunque el servicio en muchas formas es mejor, no en todos los casos es realmente bueno y mucho menos excelente.
Y ese es un gran problema, porque nos estamos acostumbrando a aceptar la mediocridad y a nunca exigir la excelencia. Cuando estamos acostumbrados a lo malo, lo mediocre parece algo mejor. El peligro con la mediocridad es que


